Una de las grandes decisiones a las que nos enfrentamos cuando empezamos a trabajar y disponemos de cierta liquidez, es decidir si me enfrento a una estrategia de ahorro o si por el contrario lo hago hacia inversión.

Para arrojar luz sobre estos dos términos habitualmente mezclados, voy a utilizar el ejemplo del sector productivo primario. Un agricultor produce para poder recuperar su inversión durante la época de cultivo: agua, gasoil, semillas, productos fertilizantes, amortizaciones de la maquinaria, etc… Pero también para generar un excedente. Antiguamente se producía para autoabastecimiento, es decir consumir lo que uno mismo generaba. Y si eras capaz de generar más, lo almacenabas e incluso lo llevabas al mercado para canjearlo por otro producto que necesitaras. Aquí enlazamos conceptos como necesidad, producción, intercambio.

En términos productivos netos, si producías más de lo necesario, estarías ahorrando. Imaginemos que cultivas patatas, y consigues tener un excedente del 50%. Dada la naturaleza efímera de la patata, solo podrías disfrutar de tu excedente durante un tiempo limitado, es decir, tu ahorro tendería a perderse.

Era un ahorro poco seguro y poco usable. Por eso, el uso de los mercados, para poder acudir con tu excedente y poder cambiarlo por algo que cubriera nuestra necesidad actual u otra necesidad futura. Sería el caso, por tanto, de comprar semillas.

Ahora bien, imaginemos que decidiéramos comprar un 20% más de semillas que con respecto al año pasado, o por ejemplo, que decidiéramos comprar un 20% de semillas de otra especie. Podríamos decir que es una inversión futura, dado que estaríamos esperando incrementar la producción en un 20% de manera aproximada. El matiz es sutil, semillas siempre tengo que comprar, pero comprar un poco más, ya no sería ahorrar, será invertir. Por eso tantas veces mezclamos los términos, porque el espacio temporal es el que matiza.

Por todo esto, el ahorro es un concepto arraigado a la seguridad futura, a mantener su valor a fecha futura y a tener una disponibilidad de ello rápida, para hacer frente a un imprevisto o una situación excepcional. Sin embargo el concepto de inversión está arraigado a un valor futuro mas cercano pero de mayor valor, es decir, de plusvalía. Y por lo tanto, lleva implícito un riesgo de éxito.

Ahora bien, en la actualidad, el concepto de riesgo no está para nada claro. Quiero decir, quien me garantiza que hoy 10.000 euros valgan dentro de 10 años, esos mismos 10.000 euros. No hace falta que respondas: nadie. Porque no los valdrán.

Como puedes ver en la gráfica anterior la pérdida de valor en 7 años ha sido del 40% aproximadamente, y seguramente cercana al 50% en 10 años. Habrá que esperar hasta el 2021, para ver el impacto real que ha tenido el Covid en nuestra economía.

Por eso, el término ahorro, ya no tiene sentido. Porque nosotros buscamos seguridad y más aún: garantía y reserva de valor. Con lo que debemos usar el término inversión. Entendamos que existe riesgo, pero entendamos que si solo dejamos el dinero en una cuenta, al cabo del tiempo valdrá la mitad y con un riesgo similar.

Esto, debiera estar en boca de todos, sin embargo, nadie verbaliza este tipo de pronósticos de manera directa. Solo te mencionan inflación o PIB de manera aislada, sin embargo no se habla del impacto que tiene en los ciudadanos esta pérdida de poder adquisitivo.

Desde que una persona comienza a ahorrar dinero, este comienza a perder poder adquisitivo fruto del sistema inflacionario por el que todos los países se rigen. Cuando hablamos de poder adquisitivo, hablamos del poder económico del dinero. El objetivo no es tener 10.000 euros y mantenerle durante 10 años, el objetivo es tener 10.000 euros y que con el paso de los años, con esa misma cantidad pueda seguir comprando, al menos, lo mismo que en el inicio.

Como vemos en la gráfica anterior, la inflación ha sido constante a lo largo de los años y ha ido provocando que los ahorros de todos los ciudadanos hayan ido perdiendo poder adquisitivo a medida que esta ha ido generándose, es decir, cada año valen menos. Dice Murray R. Rothbard en su libro “What has the government done to our money?

“Si el gobierno encuentra alguna manera de dedicarse a falsificar dinero creándolo de la nada, podría ganar dinero sin molestarse de vender sus productos o extraer oro. De esta manera se apropia astutamente de recursos de manera sutil, sin provocar la hostilidad que levantan los impuestos”

Es importante tener clara la idea sobre lo que provoca la inflación y que nada que ver tiene con los impuestos establecidos como IRPF, IVA, IS, IE etc.. Si comparamos el impacto de la inflación sobre los ahorros, con el impacto que tienen los impuestos sobre nuestros beneficios, veremos que con la media inflacionaria de los últimos 20 años, la comparación sería inútil, dando por hecho que para un ahorrador, el dinero que desaparece por causa de la inflación, está a años luz del que desaparece por causa de los impuestos establecidos.

En una definición más completa, podemos definir inflación cómo el incremento del precio que pagamos por los bienes y servicios, pero también es el incremento de masa monetaria en el sistema. Este acto supone un impuesto oculto para los consumidores y es la causa principal por la que se produce inflación. El período en el que se incrementa el soporte de dinero, se debilita la moneda y los precios de los bienes aumentan, este proceso demora entre 18 meses y 2 años.

Quizás ahora, después de entender este fenómeno, no veamos de manera tan positiva las noticias que salen sobre inyección de liquidez en los mercados a través de impresión y creación de dinero por parte de los bancos centrales.

Es el momento de actuar y de empezar a mover tu ahorro, tu liquidez y tu cabeza. Busca rentabilidad y liquidez.